Inmigrante son tus huellas, el camino y nada más

No me siento inmigrante. Este concepto, inevitablemente va cargado con un bagaje tan pesado, tan recóndito y a la vez tan estereotipado.

Un punto de fuga donde se esconde el horizonte del dolor que lleva callado, un gran equipaje que se me escenifica en la instantánea de un palo apoyado al hombro con una bolsa atada en su extremo.

Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.

La mía, afortunadamente, tenía ruedas. Ruedas que sobrellevan la impotencia y la rabia de ver al fondo del recorrido mi triste país ardiendo en llamas. Inmigrante. Un secreto que me guardo en mi petaca. Sí, huyo de allí. Me protejo de ver como las sonrisas de mi gente acabaron mordidas por las fieras especuladoras que arruinaron sus vidas. Agaché la cabeza, con la enorme fuerza de la gravedad que hundió la perspectiva de esas familias.

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Y sí, soy egoísta. Salté del bote cuando ví que la corriente del agua podía ahogarme entre las arrugas de una vejez prematura que me alcanzaba. Compré la eterna juventud colombiana a precio de ensordecedoras ausencias.

Emigrante. Extranjera. Inmigrante. Esa sensación de no enterarte de nada. La soledad soslayada con miles de ojos que me señalan. Esas bofetadas nostálgicas que me golpean cuánto más estoy rodeada. No me perturban. Juego a buscar en cada uno de ellos, un resquicio de alguno de mis camaradas, busco el punto de inflexión del momento efímero que nos relega a la categoría de hermanos.

Compré la eterna juventud colombiana a precio de ensordecedoras ausencias.

Y sonrío a escondidas cada vez que descubro que el único choque cultural es el que yo te impongo. Por ello, seseo, por eso te espero, por eso te bailo salsa.

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Nos pasamos la vida intentando diferenciarnos del mundo. Incluso pagamos caro la incansable búsqueda de una identidad propia. Peleamos estatutos de autonomía e independencia, nos vestimos de Custo, resaltamos nuestro materialismo pensando que nos diferenciará del resto y ponemos nuestra foto de fondo de pantalla. “Personaliza tu móvil” como si no hubiera algo más impersonal que eso.

Y ahora, que estoy obligada a ser diferente, no deseo otra cosa que desenterrar al camaleón que llevo dentro y dejar que él haga el resto. Quiero ser tú cuando me miras. Quiero que tú seas yo cuando me río. Me gustaría elaborar la receta universal de tu risa con mi acento, de tu alegría con mi entrecejo, de tu lluvia con mi fuego, de mi afán con tu aliento.

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estadocivilviajera
Periodista, fotógrafa, viajera, imperfecta, humana, soñadora, incoherente, cabezona pero buena gente.

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